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El desafío de la democracia

Algunos creen que la aspiración de la democracia es resolver el problema que surge cuando apreciamos que vivimos juntos y, no obstante, somos diferentes. En el fondo, se trata de una cuestión de respeto hacia la pluralidad, entendida como diversidad de valores, ideologías, orientaciones sexuales, religiosas o sociales, sólo por mencionar algunas.

En todos los casos, el concepto que mejor parece ajustarse a esta necesidad de considerar la diferencia es la tolerancia. En el ámbito de lo político, lo más importante es no considerar al adversario como un enemigo al que hay que combatir. Rafael Del Águila, un prestigioso politólogo español, señala que “sin la tolerancia de la oposición política y sin la convicción por parte de todos los actores políticos de que si uno es derrotado, electoralmente hablando, no será por ello eliminado”.

Debe quedarnos claro que sin la tolerancia política no hay posibilidad de democracia. Es que si no tenemos tolerancia ninguna de las instituciones pueden funcionar y la falta de diálogo, pilar fundamental de las sociedades íntegras, podría carcomer los basamentos de nuestra convivencia democrática.

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